¿Qué son los tricomas?
Los tricomas son unas glándulas diminutas, con forma de pelito con una bolita en la punta, que cubren los cogollos y las hojas pequeñas de alrededor de la planta de cannabis. En ellos se fabrican y se guardan casi todo el THC, el resto de cannabinoides y los terpenos.
Si miras un cogollo de cerca, verás que parece cubierto de escarcha o de azúcar. Ese brillo son miles de tricomas juntos. Son tan pequeños que, para verlos bien, hace falta una lupa.
La bolita de la punta es una especie de depósito: ahí se acumula la resina, esa sustancia pegajosa que se te queda en los dedos al tocar una planta en flor. Por eso, cuando un cultivador habla de una planta «muy resinosa», está diciendo que tiene muchos tricomas.
Los tricomas no son exclusivos del cannabis. Muchas plantas los tienen: los pelillos de la hoja del tomate, que dejan ese olor tan característico en las manos, son también tricomas.
¿Para qué le sirven a la planta?
Se considera que son una forma de defensa: la resina pegajosa y su olor fuerte dificultan el ataque de algunos insectos y protegen la flor. Para quien cultiva, son la parte más valiosa de la planta, porque concentran el aroma y la potencia.
Los tricomas y el momento de la cosecha
Muchos cultivadores miran los tricomas con una lupa para decidir cuándo cosechar. Con la maduración, la bolita va cambiando de aspecto:
- Transparentes: la planta todavía no está madura.
- Lechosos o turbios: la planta está llegando a su punto.
- Ámbar: parte de los tricomas ya están pasando de punto.
No hay una proporción exacta que sirva para todas las variedades. Por eso conviene combinar lo que ves en los tricomas con el tiempo de floración que indica el banco en la ficha.
Cuídalos al manipular la planta
Los tricomas son frágiles: se rompen y se desprenden con el roce. Cuanto menos toques los cogollos durante la cosecha, el secado y el curado, más aroma conservarán.
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Antes de cultivar, consulta la legislación de tu país: el cultivo de cannabis no está permitido en todas partes.